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Comunicación, Cultura, Preguntas

Feliz día! La humanidad nunca tuvo tantos periodistas

Las TICs han modificado los procesos de producción, generación y uso de la información. El periodismo tal como se conocía en el siglo XX ha sido puesto en cuestión con la aparición de Internet. El ejercicio de identificar y describir un hecho relevante ya no es propiedad de los periodistas. Todos somos cronistas de nuestro entorno.

El mail, los foros, los blogs, el chat y las redes sociales han contribuido a que la práctica de describir y opinar se extienda a individuos comunes y corrientes, es decir, a sujetos que son testigos de un tiempo y un medioambiente al que pertenecen y en el que interactúan.

El concepto de información también ha sido puesto en cuestión. Cada vez resulta más relevante poner en primer plano la posibilidad de comprobar los datos que componen una noticia, así como también dar cuenta del contexto en el que esta noticia ocurre.

Estar informado no es sólo acudir al encuentro de un conjunto de datos y valoraciones de un número de fuentes específicas. Por las redes sociales y los medios de comunicación fluye un continuo de información imposible de leer en totalidad. Así como Google News clasifica automáticamente las noticias más mencionadas por los medios de comunicación tradicionales, los hash-tags de twitter muestran los asuntos más comentados en su red. Y es innegable que indican algo.

Información 2.0

La reunión y sistematización de información ha entrado en el terreno de las matemáticas. Por el mundo fluyen cada vez más proyectos que reúnen grandes volúmenes de datos e información de la red que a su vez es valorada automáticamente mediante un algoritmo. La reputación de una fuente, de un emisor, de un dato puntual o su índice de mención y búsqueda en Internet definen parámetros que ordenan cúmulos de eventos con criterios que definen lo que más se está consumiendo en este momento.

Esta tendencia permite a las grandes empresas conglomerados de medios observar la extensión de su poder informativo, pero también enciende sus alarmas ante los proyectos que escapan a su control. Las llamadas “granjas de contenidos” -sitios web que generan información a bajo costo- banalizan la información, su producción y reproducción, mediante una lógica neoliberal.

Ignacio Ramonet señala en “L’Explosion du journalisme. Des médias de masse à la masse de médias” que la tendencia de “identificar lo que el público quiere leer con base en los términos ingresados en los motores de búsqueda y alistar grandes cantidades de redactores para producirlo” dan base a “un nuevo periodismo, cuya fórmula es la de ‘artículos a pedido’ que satisfagan las necesidades comerciales de sus clientes y hagan felices a sus lectores“.

Es válido entonces preguntarse qué dispositivos sociales generan estas colmenas informativas, así como también qué dispositivos se generan como alternativas a esta pretendida heterogeneidad.

Otras fuentes, otra lógica

Un medio de comunicación reúne un número determinado de informaciones, las categoriza y las “viste” para despertar nuestro interés. Pareciera imposible pensar que las máquinas puedan hacer ese trabajo por nosotros. Justamente, esa articulación humana de identificar lo relevante para un público determinado, partiendo de una cosmovisión del mundo y la vida particular, le dan a los medios la legitimidad de intervenir en la sociedad como actores destacados.

Sin embargo, la globalización de bienes y servicios al ritmo del libre mercado ha provocado que los bienes culturales sean considerados un producto sujeto a una lógica de acumulación capitalista. La calidad de la información en este modelo sucumbe con la producción en serie de relatos de impacto, impidiendo la comprensión del contexto en el que ocurre y los factores que le dan origen.

Saliendo del paradigma de la noticia, del hecho novedoso, existe todo un universo de información que posee muchísima confiabilidad y que es una fuente desaprovechada para el conocimiento de un contexto complejo como el que vivimos. El mundo académico es una usina de trabajo e investigación que utiliza el método científico para describir y analizar el universo que nos rodea. Y casualmente los grandes medios no relacionan cotidianamente sus informaciones con la producción académica.

Me pregunto si es posible automatizar la articulación de información proveniente de fuentes que por lo menos tengan un proceso de investigación más exhaustivo, que no necesariamente se originen con una lógica de acumulación capitalista como parte de un sistema diseñado para la comercialización de información.

Al mismo tiempo, me pregunto qué resultado generaría dicho proceso, por ejemplo, si se articula la producción de facultades, institutos y centros de investigación que aporten estudios, tesis, monografías, artículos y trabajos del orden académico sin atarlo a un criterio comercial, vinculando al lector con el investigador, propiciando una interacción más allá de los claustros académicos, una interacción que permita que el reconocimiento al trabajo también se exprese en una donación como forma de retribución que retroalimente la información y análisis de calidad.

Hablamos de millones de trabajos, artículos y tesis que conforman una base de conocimiento inaccesible por fuera del sistema académico. Inaccesible no porque no pueda leerse, sino porque su disponibilidad está restringida por el formato en el que fue divulgado, por su lenguaje técnico o por su clasificación documental.

¿Es posible propiciar el relacionamiento documental, de diagnóstico, de interpretación y de valoración dados por estas fuentes? En principio contamos con los índices alfabéticos, palabras claves, bibliografía que se puede sistematizar y relacionar con múltiples formas de ordenamiento de la información contenida en ellos (por citas, por lecturas, por extensión, por reputación, por clasificación académica, por estado de investigación, y por muchas otras variantes a imaginar).

Economía de medios

Los seres humanos poseemos culturas dadas por usos y costumbres, por producciones de sentido y por historia, por visiones de nuestro medioambiente que compartimos y ponemos en cuestión permanentemente. En este conjunto dinámico de manifestaciones sociales el tiempo nos determina.

La conectividad de este siglo amplía los horizontes del conocimiento de la humanidad, pero para el individuo representa múltiples disyuntivas para satisfacer la pretensión de “estar informado”. Vivimos conectados, interpretando contenidos de una pantalla la mayor parte del día, interactuamos con otros, compartimos experiencias y nos informamos del estado del mundo y las artes. Pero nuestra socialización virtual requiere un consumo del tiempo impensado en el pasado.

La información concreta y puntual está muy dispersa entre adjetivaciones y valoraciones. Las noticias fluyen en ríos turbulentos de datos, opiniones, encuestas y debates. Desde la orilla de nuestras pantallas todo pasa velozmente. Creo que cada vez es más importante tomar distancia de estas narraciones que conforman la web 2.0 para entender los hechos y su contexto.

Para el periodista resulta fundamental aislar el hecho para contarlo y preguntar sobre su contexto para interpretarlo. Pero luego el contexto del dato puntual, su origen y características están suprimidos de la crónica por el criterio de economía de lectura (se supone que el lector no dispone de tiempo para profundizar en la noticia) y por economía de medios (es decir, por el espacio que dispone un medio de comunicación para narrar un hecho). Pero en la web 2.0 no existe esta limitación. La información puede ubicarse en capas permitiendo al usuario profundizar conforme a su interés y deseo por conocer.

Feliz día periodista, te estas quedando sin trabajo

Es paradójico. Las lógicas de producción de información de los medios no escaparon a la lógica capitalista que pretende producir más a menos costo para generar más riqueza económica. Los periodistas profesionales compiten en un mercado cada vez más chico donde la “picadora de cables” es parte del ejercicio diario de la profesión. Como tales, reproducen hechos narrados por otros periodistas que reciben información que comprueban su veracidad mediante la propia red de noticias. Los informativos ya casi ni envían a sus cronistas al lugar de los hechos porque los costos de este ejercicio profesional sucumbe a una pretendida homogeneización del lenguaje.

Tal vez los periodistas como tales estemos condenados a mutar a otras profesiones. Tal vez aquel que posea el conocimiento profundo sobre un tema pueda adquirir la habilidad de narrarlo para el común de los mortales. Sin embargo, la última página del periodismo no se ha escrito aún. Otra forma de verlo también es que la producción de mayor información genuina y conocimiento fundado genera más riqueza cultural y social. El mundo académico funcionó siempre con un espíritu de colaboración, de construir conocimiento a partir de los descubrimientos de las generaciones pasadas.

Hay quienes no dudan que las formas de producción automática a gran escala generan un conocimiento superficial. Pero tal vez, exista alguna forma de articulación que permita separar la paja del trigo, permitiendo al sujeto elegir un tema y profundizarlo, como si se tratase de un lago en el que uno pueda observar lo que ocurre y mirarse.

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